Durante mucho tiempo, la idea de Dios me hizo ruido.
Me crié dentro del catolicismo, pero había algo que no me cerraba: amor mezclado con culpa, fe sostenida desde el miedo, sacrificio y un Dios que parecía castigar más que abrazar. Nada de eso me daba paz; más bien me daba miedo. Con los años, me fui alejando hasta rechazar por completo todo lo que tuviera que ver con Dios.
Más adelante, el zarandeo de la vida me empujó hacia adentro.
En esa búsqueda empecé a recorrer distintos caminos de autoconocimiento y espiritualidad: Coaching Ontológico, Bioneuroemocion, la Llama Violeta, etc etc y sin planearlo, me transforme en quien soy hoy. Y fue en medio de ese recorrido que, de la boca de Enric Corbera, escuche por primera vez sobre Un Curso de Milagros
La palabra milagros, como tantas otras que aparecen en el Curso, me generaba mucha resistencia. Sin embargo, la imagen de Dios que transmitía me hacía sentido. Aflojaba ese nudo interno y se sentía como coherencia y paz. No hablaba de creer, ni de deber o tener, sino de aprender a mirar distinto.
Asique, de a poco, la idea de Dios dejó de ser confusa.
Lo que antes no encajaba empezó a ordenarse solo, y entendí que acercarme a Dios no era ir hacia afuera, ni portarme bien,
sino volver a mí. Que cuanto más me acerco a mí, más cerca estoy de Él.
Un Curso de Milagros no es el único camino, pero sí es el mío.
El que me hace sentido, el que resuena conmigo y desde donde hoy comparto este recorrido.
Si querés profundizar, en el podcast hablo del Curso de manera simple y cercana, recorriendo el sentido de cada uno de sus capítulos.